
El doble terremoto que sacudió el centro-norte de Venezuela el 24 de junio de 2026 no terminó cuando dejó de moverse la tierra. En muchos sentidos, allí comenzó una crisis más compleja y prolongada. Los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 —ocurridos con apenas segundos de diferencia— se encuentran entre los más fuertes registrados en el país en más de un siglo. Al 15 de julio, el balance oficial superaba las 4.800 personas fallecidas y 16.700 heridas. Naciones Unidas estima que aproximadamente 1,3 millones de personas necesitarán asistencia durante los próximos seis meses. Todo esto ocurre en un país donde, antes del desastre, casi ocho millones de personas ya requerían algún tipo de apoyo humanitario. La pregunta, por tanto, no es solamente cómo reconstruir las viviendas, hospitales, carreteras y servicios destruidos. La verdadera pregunta es: ¿podrá Venezuela reconstruirse sin reproducir las vulnerabilidades que convirtieron el terremoto en una catástrofe de esta magnitud?
De la emergencia a una crisis prolongada:
Durante las primeras semanas, la prioridad inevitable es salvar vidas, atender a los heridos, proporcionar refugio, garantizar agua potable y restablecer los servicios esenciales. Sin embargo, la experiencia internacional demuestra que la atención pública y los recursos tienden a disminuir precisamente cuando comienza la fase más difícil. Después de retirar los escombros aparecen otros problemas: desplazamiento prolongado, pérdida de empleos, interrupción educativa, deterioro de la salud mental, disputas por la propiedad de la tierra, inflación en los materiales de construcción y comunidades enteras que quedan atrapadas durante años en alojamientos temporales.
La evidencia médica también advierte que las consecuencias psicológicas de un terremoto pueden prolongarse mucho después de que desaparecen las imágenes de destrucción. El estrés postraumático, la ansiedad, la depresión y el duelo se agravan cuando las familias permanecen desplazadas o sienten que la ayuda y la reconstrucción se distribuyen injustamente.Venezuela enfrentará esta fase con hospitales, servicios públicos e instituciones que ya estaban sometidos a una enorme presión. No se trata, entonces, de regresar a la situación anterior al terremoto. Regresar al punto de partida significaría reconstruir la misma vulnerabilidad.
Reconstruir edificios no es reconstruir un país:
El Marco de Sendai de las Naciones Unidas utiliza el concepto de Build Back Better: aprovechar la recuperación para reducir riesgos, mejorar la resiliencia y evitar que el próximo desastre vuelva a producir las mismas consecuencias. Esto implica reconstruir con normas sismorresistentes, revisar el uso del suelo, reforzar hospitales y escuelas y evitar nuevas construcciones en áreas expuestas a deslizamientos o fallas geológicas. El USGS (Landslide Hazards Program) ha advertido que la secuencia sísmica venezolana presenta también un riesgo significativo de deslizamientos. Por esa razón, reconstruir rápidamente en los mismos terrenos, sin evaluaciones geológicas independientes, podría crear las condiciones para una nueva tragedia. Pero “reconstruir mejor” no puede limitarse a utilizar más concreto o mejores materiales. También significa recuperar empleos, reactivar pequeños negocios, restablecer escuelas, proteger a las poblaciones vulnerables y garantizar que las comunidades participen en las decisiones sobre su futuro. La investigación posterior al terremoto de Wenchuan, en China, encontró que la percepción de justicia en la distribución de la ayuda y la confianza en las políticas gubernamentales influyeron significativamente en la recuperación y el bienestar de los sobrevivientes. La recuperación material y la legitimidad institucional están, por tanto, profundamente relacionadas.
La reconstrucción también será una prueba de gobernabilidad:
La llegada de miles de millones de dólares en asistencia, contratos y materiales puede salvar vidas, pero también crea oportunidades para la corrupción, el clientelismo y la utilización política de la ayuda.Venezuela necesitará un mecanismo nacional de reconstrucción que cuente con supervisión técnica y financiera independiente. Los contratos, empresas beneficiarias, montos desembolsados, proyectos aprobados y niveles de avance deberían publicarse en una plataforma accesible a los ciudadanos. La trazabilidad del dinero no puede considerarse un asunto administrativo secundario: es una condición para recuperar la confianza. También será indispensable realizar una evaluación integral de daños y necesidades que diferencie entre pérdidas físicas, interrupción de servicios, efectos económicos y necesidades humanas. Sin un diagnóstico verificable, la reconstrucción podría responder más a intereses políticos que a criterios de riesgo y vulnerabilidad. La velocidad importa, pero la transparencia también. Una reconstrucción rápida pero opaca puede levantar estructuras mientras debilita todavía más las instituciones.
El peligro de una recuperación Desigual:
Los desastres no afectan a todos de la misma manera. Las familias con ahorros, seguros, documentos de propiedad y redes de apoyo suelen recuperarse primero. Los residentes de asentamientos informales, adultos mayores, personas con discapacidad y hogares de bajos ingresos enfrentan mayores obstáculos. Investigaciones recientes advierten que algunos programas de recuperación pueden reproducir la exclusión territorial cuando las personas sin títulos formales de propiedad quedan fuera de las compensaciones o son desplazadas hacia zonas periféricas. La reconstrucción venezolana debe evitar que la tragedia se convierta en un proceso de desplazamiento permanente. Las soluciones habitacionales deben preservar, en la medida de lo posible, las redes comunitarias, el acceso al empleo, la educación y los servicios públicos. Entregar una vivienda lejos de todo no necesariamente significa devolverle a una familia su vida.
Una oportunidad dentro de la tragedia:
El terremoto llega en medio de una compleja transición política, económica e institucional. Esto aumenta los riesgos, pero también crea una oportunidad excepcional para establecer una nueva forma de gobernanza basada en cooperación, evidencia técnica, participación ciudadana y rendición de cuentas.La reconstrucción podría convertirse en el primer gran proyecto nacional capaz de reunir a autoridades, comunidades, universidades, sector privado, diáspora venezolana y organismos internacionales alrededor de objetivos concretos. Sin embargo, para lograrlo, la ayuda debe mantenerse separada de la confrontación política y distribuirse exclusivamente de acuerdo con las necesidades. La evidencia internacional demuestra que el capital social, la confianza, la cooperación y las redes comunitarias, desempeñan un papel decisivo en la recuperación. Las comunidades no deben ser tratadas únicamente como receptoras de asistencia, sino como participantes activas en el diseño, ejecución y supervisión de la reconstrucción.
¿Qué viene ahora?
Venezuela enfrenta al menos cinco tareas simultáneas:
- Mantener la asistencia humanitaria mientras continúen el desplazamiento y las necesidades básicas.
- Realizar una evaluación técnica, pública e independiente de los daños y riesgos.
- Reconstruir viviendas e infraestructura con normas sismorresistentes y criterios de reducción del riesgo.
- Proteger la transparencia de los fondos y contratos de reconstrucción.
- Involucrar a las comunidades y a la sociedad civil en las decisiones que determinarán su futuro.
El terremoto destruyó edificios, carreteras y miles de vidas. Pero la etapa que comienza decidirá si también profundiza la fragmentación social o si, por el contrario, se convierte en el punto de partida para reconstruir capacidades, instituciones y confianza.La historia demuestra que los terremotos son fenómenos naturales, pero las catástrofes se construyen mediante años de vulnerabilidad, improvisación y falta de prevención. Venezuela no puede impedir que vuelva a temblar. Lo que sí puede decidir es cuán vulnerable estará cuando ocurra nuevamente. La verdadera reconstrucción no comenzará cuando se coloque el primer ladrillo. Comenzará cuando cada decisión responda a una pregunta fundamental: ¿estamos reconstruyendo lo que existía o estamos construyendo un país más seguro, justo y resiliente?
Msc. Pedro Barrueco Perez (Julio, 2026)

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